La brisa del estadio era suave aquella tarde. Jason Johnson se preparaba para lanzar, como tantas veces antes. Pero esta vez, algo era distinto. En su cinturón, bajo el uniforme, llevaba un pequeño dispositivo que marcaba su ritmo vital. Mientras los fanáticos observan a un lanzador, él aceptaba que este aparato seria su compañero en la lucha que tenía dentro de su cuerpo. Jason tenía 11 años cuando aprendió los términos por primera vez “diabetes tipo 1” . Desde ese momento